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¿Todavía hay que renunciar al bolso para que te tomen en serio como líder?
Cuando Margaret Thatcher se postuló como candidata a primera ministra, sus asesores (todos varones, obvio) le exigieron que, si quería tener alguna posibilidad de alcanzar...
Cuando Margaret Thatcher se postuló como candidata a primera ministra, sus asesores (todos varones, obvio) le exigieron que, si quería tener alguna posibilidad de alcanzar el poder siendo mujer, renunciara a su bolso, perlas, tocado y acudiera a un logopeda para que su voz aguda (femenina) sonara más grave (masculina). Thatcher les respondió: "Haré todo lo que digáis, pero las perlas y el bolso son innegociables". Con determinación y carácter, la primera dama de hierro convirtió el modelo Asprey negro de asa corta en un apéndice de su brazo duro y símbolo de su poder. Tanto fue así que un miembro de su ejecutivo una vez preguntó: "¿empezamos ya la reunión? Total, está su bolso".